Laura Terciado
Da vergüenza admitir que te han violado, da vergüenza sostenerle la mirada a alguien que se deja abusar por un stalker. Y da vergüenza hablar de por qué volvemos una y otra vez a quien nos destroza. Da vergüenza pensa…
aquí escribo cosas
Da vergüenza admitir que te han violado, da vergüenza sostenerle la mirada a alguien que se deja abusar por un stalker. Y da vergüenza hablar de por qué volvemos una y otra vez a quien nos destroza. Da vergüenza pensa…
Hay vergüenza en admitir que se vuelve a quien abusa, que su atención intermitente es una adicción, que quien hace daño también hace feliz. La mezcla de placer y culpa puede volverse indistinguible.
Vuong a los trece años dijo "Para, mamá. Déjalo." La miró con dureza —como miraba a los bullies. La madre salió a comprar huevos "como si no hubiera pasado nada". Pero los dos sabían: ya nunca volvería a pegarle.
Procesado: el dano infantil como biografia
Muchos abusos se administran socialmente como si fueran un problema de habilidad individual de la víctima.
El daño en la infancia no “se va”: permanece como estructura afectiva. No se sueña con un futuro mejor, sino con un pasado distinto.